
Zaragoza es una ciudad que nunca deja de sorprendernos con lo que guarda bajo el asfalto. Estos días, las obras de regeneración de las riberas del río Huerva han sacado a la luz los restos del antiguo Convento de San José, un edificio que muchos recordarán solo por el nombre del barrio o de la avenida, pero que tiene una historia cargada de resistencia. Fundado en 1594 por los Carmelitas Descalzos, este complejo se situaba extramuros, justo en la margen derecha del río. Lo que hoy vemos como muros de cimentación y estructuras del siglo XVI, en su momento fue un recinto enorme con una iglesia barroca, un claustro de dos pisos y hasta una fábrica de paños donde vivían un centenar de frailes. Su ubicación estratégica lo convirtió en un fortín de defensa clave durante los Sitios de Zaragoza entre 1808 y 1809, aguantando el embate de las tropas napoleónicas hasta quedar prácticamente en ruinas.
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Tras ser restaurado en 1815, el destino del edificio cambió radicalmente con la desamortización de Mendizábal. Dejó de ser un espacio religioso para convertirse en el Penal de San José y, más tarde, en un cuartel de Intendencia que funcionó hasta mediados del siglo XX. Muchos vecinos de la zona recordarán que el edificio seguía en pie hasta los años 70, cuando fue demolido durante la famosa 'Operación Cuarteles' para abrir paso a la expansión del Camino de las Torres. Ahora, gracias a las catas arqueológicas iniciadas a principios de 2025 en el entorno del parque de Villafeliche, han aparecido objetos que nos conectan directamente con ese pasado: fragmentos de cerámica con las inscripciones 'S. Joph' y 'descalz', restos de un proyectil de mortero francés y parte del antiguo puente que unía el monasterio con la ciudad.
Pero el hallazgo más impactante no es el convento en sí, sino lo que había debajo. Los arqueólogos han localizado una necrópolis islámica del siglo X, con más de 85 cuerpos recuperados hasta la fecha. Es fascinante pensar en las capas de historia acumuladas en un mismo punto: una zona de enterramiento medieval sobre la que, siglos después, se levantó un convento barroco que acabó siendo cárcel y cuartel. Actualmente, los restos humanos están siendo analizados por el departamento de Anatomía Forense de la Universidad de Zaragoza, mientras que las piezas materiales se custodian en el Cuartel de Pontoneros. Estos trabajos, financiados por el Ayuntamiento y fondos europeos, nos permiten entender mejor cómo ha evolucionado este rincón junto al Huerva antes de que las obras de regeneración sigan su curso.
Fecha de publicación
15 de mayo de 2026
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